De cómo Nosferatu se convirtió en un príncipe de Disney

Mis saludos, pacient…  digo residentes del Doctor Literario, en adelante Doc. Soy La Eremita y he viajado a estos lares Desde El Redondal para hacer un crossover de blogs, que si lo hacen las series de TV con tanto éxito, nosotros no íbamos a ser menos.

Había avanzado al Doc cuando hablamos de colaborar, que iba a hacer un artículo sobre una serie de Netflix muy divertida, Las Nuevas Leyendas de Mono, que acaba de estrenar su segunda temporada, y nos hace disfrutar con una divertida y ligera visión de un dios hindú transformado en guaperas sin cerebro muy gracioso. Hilarante, fácil de ver y entretenida a tope.

Pero veréis, puesto que vengo a una “clínica”, he decidido aprovechar para tratarme de algo que me tiene altamente perturbada. Yo comprendo, porque me lo contaron de pequeña, que una rana se convierta en príncipe por el beso de una princesa caprichosa que pierde una pelota. Aunque no entienda muy bien cómo un batracio verde puede atrapar una bola de oro del doble de su volumen; vale, aceptamos Rey Rana. Me sirve también que una bestia elegante acoja a una campesina, se gane su amor con regalos caros (nada nuevo en la Viña del Señor por otra parte) y se transforme en un Príncipe encantado… nada que objetar, qué bonito y todo eso (aunque siempre he sido más de Barbazul, pero eso son rarezas mías)

Lo que no me explico, es cómo hemos podido pasar de esto:

Nosferatu. Película de Murnau, 1922

A esto otro:

Crepúsculo. Película de Hardwicke 2008

Me admira la humanidad. Realmente. O este cibersiglo descreído en el que un mito terrorífico del inconsciente colectivo como ha sido siempre la figura del vampiro pase a ser el sueño húmedo de adolescentes y no tan adolescentes. ¿Cómo ha pasado esto?

Si Van Helsing levantara la cabeza… íbamos a terminar todos sin ella y con la boca llena de ajos. Por colaboracionistas.

El mito del vampiro lo componen tres elementos básicos: sangre, sexo e inmortalidad. La sangre como fuente de vida, el sexo como rito de renovación de la misma… Bueno, la revista Psichology Today lo expresa mejor que yo:

El mito puede entenderse a lo largo de varios niveles de desarrollo psicosexual: en términos edípicos, por ejemplo, el vampiro es visto como un secuestrador de mujeres, matando y esclavizando a cualquier hombre que se cruce en su camino… El significado y la persistencia universal del mito sugieren profundas raíces en la evolución de nuestra psique. Sugiere el deseo omnipresente de conquistar el secreto de la vida mientras contiene los elementos de su renovación. Representa el terrible deseo de supervivencia, destruyendo a otros para mantener su propia existencia… El vampirismo, como pecado mortal, está contenido en la imagen que más a menudo viene a la mente, la naturaleza perversa del acto vampírico, en el que la mordida y la succión La sangre produce una sensación orgásmica que supera el coito

ARTÍCULO DEL DIARIO LA VANGUARDIA. EL VAMPIRISMO: UN MITO MUY REAL

Las gentes de hace siglos ya creían en muertos que se levantaban por las noches y vaciaban de sangre a doncellas, donceles, y no tan doncellas y donceles, cual botellitas de cola de cereza. Tenían miedo. Pero la literatura se metió por medio. Empezó bien, llamando al pan, pan, al vino, vino, y al monstruo, monstruo. Podría hablaros de los orígenes, pero la wikipedia lo explica lo suficientemente bien como para no alargar este artículo hasta ocupar toda la memoria del blog del Doc.

Para mí que la cosa empezó con Polidori y su Lord Ruthven, (El Vampiro, 1819) que nació de su imaginación una noche tormentosa en la Villa Diodati, donde contaba historias de terror junto con Lord Byron, Mary y Percy Shelley, y Claire Clairmont (también allí nació El Frankenstein de Mary Shelley. Vaya nochecita ¿no?) Dicen que Lord Ruthven se asemejaba a Lord Byron, figura del romanticismo de pro… no digo nada y lo digo todo. Empezamos con vampiros elegantes que viven en palacios.

Un poco más tarde, Bram Stoker convertía a un príncipe valaco que empalaba a sus enemigos, Vlad Tepes, en el eterno Drácula. Aquí ya nuestro monstruo viste con levita, tiene un castillo y se enamora u obsesiona de/o con la que cree la reencarnación de su esposa, su alma gemela. Romántico si, pero todavía da miedo. Ese Remfield, las vampiresas, Van Helsing… qué os voy a contar que no sepáis.

Pero ya en 1976 llegaron los yanquis de la mano de Anne Rice y sus Louis de Pointe du Lac y Lestat (Entrevista con el Vampiro) y la liamos del todo. Empieza el principio del fin del reinado del terror vampírico. Sigue habiendo sangre, pero el vampiro, lleno de glamour, deja de ser el villano para ser el héroe. La saga Crónicas vampíricas de Anne Rice hay que leérsela de cabo a rabo sí o sí, es absolutamente asombrosa, y creo que la trataré en el Redondal, pero comienza a humanizar al monstruo.

Y tenían que llegar las abominaciones llamadas Cullen de la pluma de Stephenie Meyers y su saga Crepúsculo. Guapos, millonarios, atormentados y decorativos en todos los ambientes. Con ellos, las doncellas, donceles y no tan doncellas y donceles olvidaron la sangre y se quedaron con el sexo limpito.

Y así mataron al Monstruo. Sin estacas, cruces o decapitaciones vanhelsinianas. Por obra y gracia de un folletín romántico con aspiraciones a novela de terror.

Parece que me ha servido la terapia con el Doc. Supero la fase del cabreo y la negación para comenzar mi duelo. DEP Nosferatu.

2 comentarios en “De cómo Nosferatu se convirtió en un príncipe de Disney

  1. No removamos el pasado, Eremita. Aprovechando que estoy en casa de Doc (como diría Marty McFly, “¡hola, Doc!”), haré un símil y diré que a Crepúsculo, 50 Sombras… y a Marie Kondo no hay que nombrarlos, ni darles aire ni probar a darles una descarga, no sea que el electro vuelva a marcar pulso, se levanten y vuelva la moda.

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